El último día de estancia en Bélgica lo pasé en Brujas y no
me arrepiento en absoluto. Estuve toda la mañana recorriendo sus calles
empedradas y viendo las joyas medievales que posee y, por la tarde, recorrí
tiendas de recuerdos, comprando cerveza y merendando el gofre de chocolate más
bueno que he comido nunca.
Vista de la Plaza Burg con el Ayuntamiento// bruselas.es

